First 60 Days: Epiphany
Observación directa, gestión de percepciones frente a hechos, la analogía entre patrones de software y patrones de gestión, y la cultura organizacional.
En mi primer post compartí cómo llegué a entender que liderar no te aleja de la realidad, sino que te obliga a verla desde múltiples ángulos al mismo tiempo. Que el rol exige un nivel de juicio que va mucho más allá de lo técnico, y el desafío permanente de equilibrar la estrategia con la ejecución. En ese post me comprometí a contarles cómo irían los siguientes treinta. Me demoré un poco, pero aquí voy.
Hay una diferencia enorme entre conocer un sistema por sus reportes y conocerlo por experiencia directa. Así que dediqué tiempo a observar — visitar directamente a un grupo de los usuarios más asiduos de nuestros sistemas — no desde arriba, sino desde adentro. Esa decisión cambió mi perspectiva del trabajo que el equipo realiza diariamente. Los datos no mienten, pero algo que Amazon me enseñó es a valorar las anécdotas: no es solo que el software funcione y permita a los usuarios hacer su trabajo — también importa el cómo.
En entornos complejos, hay una tentación permanente de gestionar las percepciones antes que los hechos. Elegí lo contrario. Asumir errores en voz alta, nombrar lo que no funciona, ser frugal con el tiempo propio y el ajeno — todo eso tiene un costo social inmediato. Pero también tiene un retorno: las personas que quieren construir algo real tienden a acercarse cuando sienten que alguien habla sin calcular cada palabra. Me gustó mucho la frase de Casey Stengel que leí en el libro El camino del Directivo de Camille Fournier: “el secreto de gestionar es mantener alejados a los que te odian de los que todavía no se han decidido.” Y es verdad. Es más difícil de ejecutar de lo que suena. Pero es la tarea.
Una de las cosas que más me marcó en Amazon fue observar cómo funcionaban los equipos cuando la estructura no los aplastaba. Allí no había capas de gestión intermedias absorbiendo energía sin generar valor; cada manager entendía la tecnología y podía operar por sí mismo — teníamos que la mayoría de managers era muy técnico. Ese modelo me enseñó algo que no se aprende en ningún libro: las organizaciones que construyen bien no son las más grandes, son las que tienen menos fricción entre la decisión y la ejecución. Esta referencia está en mi mente y en este segundo mes me ha ayudado a ver con claridad qué tipo de estructura necesitamos y qué capacidades debemos desarrollar.
Algo que también me ha rondado la cabeza estos días es si los patrones que usamos para modernizar sistemas de software se pueden aplicar a las organizaciones mismas. El Strangler Fig, por ejemplo, no reemplaza el sistema viejo de golpe — construye el nuevo en paralelo, transfiere el peso gradualmente, y coexiste hasta que el cambio se vuelve irreversible. La coreografía entre microservicios — donde cada componente tiene autonomía, responsabilidades claras, y se comunica por eventos sin depender de un orquestador central — me hace pensar en cómo deberían funcionar los equipos dentro de una institución que quiere moverse rápido sin romperse.
Todavía estoy explorando hasta dónde llega esa analogía. Pero cada día que pasa, me convence más de que los patrones de software tienen mucho que enseñarle a los patrones de gestión.
En medio de todo lo difícil, tuve conversaciones que no olvidaré. Personas que llevan años en esta institución y que la sienten como algo más que un trabajo — la sienten como parte de su historia, de la historia de sus familias. Ese tipo de energía no aparece en ninguna métrica ni reporte, pero es lo que puede sostener una transformación que de otro modo se quedaría en una presentación.
Aprendí también que ceder es fácil, y que evitar el conflicto puede disfrazarse de amabilidad. Pero hay momentos en que ser directivo no es arrogancia — es responsabilidad. Cuando las piezas correctas no están en el lugar correcto, la permisividad no protege a nadie.
Estos 60 días me dejaron más claridad sobre el camino y más respeto por quienes lo recorren. Espero que los siguientes 30 días me lleven más adentro de algo que observo con mucha curiosidad: cómo nacen, evolucionan y mueren los sistemas en las organizaciones. Seguiré compartiendo.
PS. Long Live and Prosper _//